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5 de noviembre de 2017
LA DAMA Y EL CABALLERO DE LAS SIETE OMELETTES GIGANTES
Alicia Chatelain y Miguel Marcenac son únicos. Han representado a Pigüé en todas las sedes mundiales.
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grueda@lanueva.com
 
Cerca de las Pascuas de 1973, en Bessières, Haute-Garone, sur de Francia, se vivió un momento de crisis económica. En vez de una olla popular, a un grupo de vecinos se les ocurrió hacer una omelette gigante. La situación mejoró y, al año siguiente, el hecho se celebró con... una omelette gigante.
 
No se trata de una leyenda. Es el nacimiento de la Cofradía de los Caballeros de la Omelette Gigante que, sólo en siete lugares del mundo, cumplen con el mandato de ofrecer un almuerzo gratuito para los vecinos y los visitantes que se acercan a disfrutar de un espectáculo único.
 
La última en sumarse a la cofradía fue la ciudad de Pigüé, en Saavedra, a 132 kilómetros de Bahía Blanca. Sucedió en 1999 y, desde entonces, sólo dos de sus integrantes han viajado por el mundo para hacer la omelette en los seis sitios restantes autorizados y que respetan esta tradición de amistad, cultura y, en especial, buena gastronomía.
 
Miguel Marcenac, casado con Olga Di Blasio, 3 hijos y 4 nietos, es uno de los fundadores y fue quien motorizó la idea de llevar a Pigüé una “loca idea de un francés” que pasó por Buenos Aires y se enteró que existía una colonia francesa.
 
“Yo no tenía idea de qué se trataba. Me contó que debía ser gratis, que la ropa tenía que ser igual en todos lados, que había seis en el mundo y que Argentina no podía estar afuera. El tema era cómo lo explicaría en Pigüé sin que se mataran de risa”, recordó.
 
“Nos reunimos con los representantes de las instituciones y con el intendente (Alberto Meiller). Traer a los franceses, que nos indicarían cómo se hacía todo, costaba unos 5.000 dólares. Y ni hablar de la sartén, que debía ser de 4,2 metros de diámetro”, agregó.
 
La familia Gastelú, de ingeniería de Tres Arroyos, y con vínculos familiares en Pigüé, se ofreció a realizarla sin el costo de la mano de obra. Al final, le pareció tan divertido que no cobró tampoco por los materiales.
 
La Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA) participó de la propuesta y, aún hoy, lo sigue haciendo a través de Granja San Miguel.
 
“Todo se hizo contrarreloj, porque se había elegido el aniversario de Pigüé para hacer la omelette, que es el 4 de diciembre”, sostuvo Marcenac, quien es pigüense, veterinario, productor agropecuario y, al ser ciudadano francés, habla perfectamente el idioma.
 
Tras la primera cocción, la sartén debió reforzarse con zunchos en sus laterales porque había quedado con algunas deformaciones.
 
“Sucedió algo natural por tratarse de una experiencia inédita. Todo fue artesanal”, comentó.
 
Alicia Chatelain, casada con José Juan Strack, 3 hijos y 2 nietos, es odontóloga, pigüense (su abuela vino de Francia y su abuelo de Suiza) y fue elegida para ser parte del grupo en 2002.
 
“Lo más interesante de los viajes hacia los lugares donde se hacen otras omelettes son los lazos de amistad. Se crean amigos y, cuando ellos vienen a Pigüé, porque los intercambios funcionan así y nos debemos hacer cargo de las comidas y del alojamiento en nuestras casas, te agradecen y te felicitan”, aseguró.
 
Marcenac y Chatelain estuvieron en las omelettes gigantes de Bessières y de Fréjus, en St. Aygulf, en Francia; Malmedy, en Bélgica; Granby, Quebec, en Canadá; Dumbea, en Nueva Caledonia, Pacífico Sur y en Abbeville, Louisiana, en los Estados Unidos.
 
Alicia repitió Granby y Miguel estuvo dos veces en Fréjus, otras tantas en Malmedy y tres en Bessières.
 
La Omelette Gigante de Pigüé es la más grande de todas. Se rompen 17.000 huevos en la sartén principal y otros 1.000 en una sartén dispuesta para celíacos. En Bessières y en Malmedy se hacen dos omelettes de 8.000 huevos cada una.
 
“Todas se realizan de manera diferente. La más chica es la de Estados Unidos, porque se utilizan 6.000 huevos. Y hablan un francés de Canadá, pero la construcción de las frases es inglesa. Da mucho trabajo entenderlos”, dijo Marcenac.
 
“La más vistosa es la de Nueva Caledonia, porque están hermanados con Tahití y las danzas de los indígenas es variada y colorida. Hay contrastes étnicos, porque está el europeo, el melanesio, el maorí y el indonesio”, agregó Chatelain.
 
Otra particularidad tiene que ver con los alimentos que se usan.
 
“En los Estados Unidos el principal esponsor es la salsa Tabasco, que tiene una sede en Louisiana. Incluso, la ropa es roja por este motivo y, además, utilizan camarones de agua dulce. Hace mucho calor, cultivan arroz y caña de azúcar y, en los arrozales, que están inundados, cultivan camarones”, explicó Marcenac.
 
En Pigüé, por ejemplo, se emplean 30 litros de aceite; 70 kilos de jamón; 6 kilos de ciboulette; 2 kilos de perejil, 10 kilos de sal y 3 kilos de pimienta.
 
“¿Una omelette con más huevos? Es difícil, Si bien la sartén está modificada, estamos al límite cuando empezamos a remover los ingredientes y corremos el riesgo de que se caiga demasiado en este movimiento”, dijo.
 
“Lo que nos falta es la banda de música con la misma gente de la Omelette Gigante. Esto funciona en Bessières, Fréjus y Malmedy y es hermoso”, agregó Chatelain.
 
“Otra diferencia es que en Pigüé nadie habla francés. Se dice que es una colonia francesa, y está bien, pero no hablamos el idioma. Recién ahora se implementó en la escuela primaria en los primeros tres grados”, afirmó Chatelain.
 
Actualmente, en Pigüé hay un registro de entre 60 y 70 entre caballeros y cófrades (quienes se inician) y la intención es sumar jóvenes para que reemplacen a los fundadores del evento iniciado hace 18 años.


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