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21 de agosto de 2016
HUANGUELÉN, ROSARIO Y UNA CARTA LLEGADA DESDE MALVINAS HACE 34 AÑOS
En 1982, en plena guerra, una pequeña, María Elena Bravo, le escribió al soldado Pedro Baracco. Desde las islas, él le respondió, y ella guardó el papel. Hace unas semanas, volvieron a encontrarse gracias a las redes sociales.
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hguercio@lanueva.com.ar

“Me llamo Pedro Gustavo Barocco, soy un conscripto del Batallón de Infantería de Marina Nº 2. Soy de Rosario y tengo 19 años”.

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De Huanguelén a Malvinas, y de Malvinas a Huanguelén. Corría el año 1982, y el frío del sur se clavaba fuerte en el pecho, en las mejillas y en las manos de Pedro. Terminaba de leer la carta de una pequeña desconocida, María Elena Bravo, llegada desde un lugar que probablemente nunca había oído nombrar. Como con las otras cartas que había recibido, el acto fue reflejo: tomó papel y una birome, y empezó a garabatear un “Hola Mary”.

Hoy, ninguno de los dos recuerda qué decía la carta original, la de Marielé. Él jura que debe tenerla guardada en algún lugar, entre las cinco o seis que recibió en plena guerra; ella dice que era muy chica -tenía 11- y que no se le ocurre qué puede haber escrito.

“Iba a la escuela -la Nº 8 Bernardino Rivadavia, en Huanguelén- y nos pedían que les escribiéramos a los soldados, además de tejer bufandas y llevar chocolate para enviarlas a Malvinas”, cuenta Marielé.

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“Aunque no te conozco, bien me haría si me seguís escribiendo y contándome cosas tuyas”.

La respuesta de Pedro, fechada en Tierra del Fuego el 11 de junio de 1982, de frases cortas y escuetas en imprenta mayúscula color negro, en apenas seis, siete líneas, arribó a los pocos días a Huanguelén y quedó sepultada bajo un montón de fotos y papeles. La segunda carta de Marielé, que ella jura haber enviado, nunca llegó a sus manos.

Pasó junio, pasó -y se perdió- la guerra, pasó el tiempo; pasaron 34 años sin que aquella carta llegada desde Malvinas viera nuevamente la luz, escondida en el fondo de una caja. Hasta que hace unas semanas, en pleno desorden para poner orden, ella la encontró. Y la curiosidad pudo más.

Paciente, se sentó frente a su computadora, y buscó a Pedro entre los soldados rosarinos que habían ido a la guerra; y lo encontró. Después, hizo una nueva búsqueda entre los caídos, y su nombre no figuraba. Finalmente se animó a teclear “Pedro Baracco” en el buscador de Facebook; y allí estaba.

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“Te prometo escribirte, después que vos me escribas, una carta bien larga”.

En su casa, con aquellas líneas redescubiertas en sus manos, Marielé le dio vueltas al asunto ¿qué escribir? ¿qué hacer? Mandó un simple mensaje, presentándose, con una foto de la carta original.

“Ese mensaje me movilizó todo -cuenta Pedro-. Me trajo un montón de cosas a la cabeza”.

La respuesta fue inmediata. ¿Qué otra cosa podía hacer? La “carta bien larga” que él había prometido hacía 34 años, rodeado de frío, miedo y ojos vigilantes, se convirtió en horas y horas de teléfono, Facebook y Whatsapp.

Marielé asegura que esta experiencia la sobrepasó, y que en ningún momento se le ocurrió qué podía producirles a Pedro o, a ella misma, la aparición de aquella carta.

“La guerra de Malvinas la viví de chica, en Huanguelén; pero ellos estaban allá, solos, con hambre y frío. Quién sabe qué les producía la llegada de estas cartas”, cuenta.

“Cómo es la vida ¿no? Fueron 34 años; mucho tiempo. No medí las emociones que esto le podría provocar”, agrega.

Para Pedro, en cambio, fue toda una sorpresa.

“No recordaba esa carta. Cuando vi la foto, escrita de puño y letra, fue como una revolución, una emoción muy grande; me removió todo lo pasado en la guerra y empecé a llorar”, rememora.

Él recuerda que en pleno conflicto llegó a responder a cinco o seis chicos que le habían escrito desde el continente. Incluso, los alumnos de un cuarto grado de una escuela de Rosario, a los que le contestó una carta, visitaron a su madre durante la guerra; además, lo recibieron cuando volvió a su ciudad.

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“Por ahora ayudándome escribiéndome al remitente de esta carta. A mí me la hacen llegar al sur”.

Hoy, en el extremo sur pasó a estar Huanguelén; y en el otro lado quedó Rosario. Unos 600 kilómetros de distancia, contrapuestos a los más de 1.600 que hay entre la localidad suarense y las islas. Pero la comunicación sigue a través de las redes sociales.

“La vida siempre te sorprende cuando pasan estas cosas. Ojalá podamos conocernos; sería algo hermoso”, dice Marielé.

Para Pedro, la solución es bien simple.

“Esto es una historia de locos. Volvimos a hablar, y sin conocernos. Ya le dije que le mando los pasajes para que venga a Rosario", dice.

Él sobrevivió a una guerra; ella, guardó su carta durante 34 años y lo encontró. ¿Qué fuerza del destino podrá impedir que se conozcan?



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