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22 de agosto de 2016
MALA PRAXIS PROFESIONAL
Escribe: Pablo Martín Santucho (*)

La mala praxis profesional refiere a responsabilidad de los profesionales liberales que, por sus malas prácticas, generan daños. En el Nuevo Código, la responsabilidad civil, se organiza como sistema normativo coherente, autónomo, que se mecaniza en torno a la prevención del daño y, en caso de acaecer, a su plena reparación.
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Quien sufra un daño en su persona o patrimonio, tiene derecho a ser resarcido plenamente por el responsable, que se haya obligado a la reparación del daño o perjuicio irrogado.

La responsabilidad de los profesionales es especialmente considerada en el Nuevo Código, recogiendo gran parte de los principios y criterios reconocidos por copiosa jurisprudencia y doctrina.

Responsabilidad profesional

El Nuevo Código trata la responsabilidad de los profesionales en el artículo 1768, ajustándola a las reglas de las obligaciones de hacer y determinando que son responsables subjetivamente, salvo que comprometan un resultado concreto.

Los profesionales liberales son los alcanzados por esta norma. Si bien el concepto es equivoco, existe consenso en sostener que son aquellos que poseen título universitario, autonomía técnica y económica, sujeción a la colegiación y sumisión a reglas disciplinarias propias de la profesión. En el concepto resultan alcanzados los Médicos, Procuradores, Abogados, Profesionales de las Ciencias Económicas, etc.

Responsabilidad por Mala Praxis

La mala práctica -mala praxis- profesional que produce daños o perjuicios, hace a los profesionales responsables. Para determinar esa responsabilidad, debe ponderarse la subjetividad del profesional autor del daño, a fin de responsabilizarlo. Es decir, sólo será responsable de ser encontrado culpable de la producción del daño, y es culpable si su actuar dañoso fue negligente, imprudente o apartado de la pericia propia del arte o profesión.

Es una responsabilidad subjetiva, de la que se exime demostrando su buena praxis; acreditando que en su actuar fue diligente, prudente y de acorde con las reglas que dicta la profesión.

Garantía de Resultado

El Código, en la materia, remite a las reglas que regulan las obligaciones de hacer, adecuadamente, ya que en la mayoría de los casos, lo que vincula al profesional con el cliente es un contrato en el que se compromete cierta conducta o resultado.

Habitualmente se compromete con su cliente a prestar un servicio determinado, a realizar cierta actividad a fin de procurar cierto resultado pero sin garantizarlo, adecuando su conducta a las reglas de su arte o profesión, sin perjuicio que logre satisfacer o no el interés del acreedor. Por ejemplo: a pesar de los esfuerzos médicos en el quirófano, paciente cardíaco fallece. Si el médico ajustó su proceder a las reglas que dicta la profesión y así lo acredita, nada debe, pues no es culpable de la muerte de su paciente, ergo no es responsable.

En otros supuestos, el profesional compromete un resultado, garantizando su consecución. El mero incumplimiento lo responsabiliza aunque su conducta haya sido diligente. No le basta para eximirse de responsabilidad acreditar su no culpa. Necesita acreditar la causa ajena -el caso fortuito, la fuerza mayor, etcétera- pues garantizó el resultado, siendo su responsabilidad objetiva.

Empleo de cosa defectuosa

Si el profesional desarrolla su actividad con una cosa que presenta un defecto o vicio y el daño se produce por ello, la victima puede demandar al dueño o guardián de la cosa defectuosa que causó el daño. De ser el profesional el dueño o guardián de esa cosa, responde objetivamente en tanto tal, más no como profesional.

Apreciación de la culpa

Un antiguo principio jurídico reza: “a mayor conocimiento mayor responsabilidad”. Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias.

Por ello, la diligencia que se exige a los profesionales será mayor, al igual que la ponderación de las consecuencias previsibles de sus actos. Su conducta será cotejada con la conducta de un buen profesional teniendo cuenta la naturaleza de la obligación y las circunstancias de tiempo y lugar.

Prueba de la diligencia

El derecho de daños hace foco en la victima del daño y sus derechos aligerando la carga probatoria. Cuando un profesional produce un daño, se encuentra en mejores condiciones que la victima para soportar la carga probatoria. Por ello, debe acreditar su obrar diligente, prudente y perito en el caso concreto.

Colofón

El Nuevo código cristaliza un intrincado sistema de normas y principios que dan coherencia a la responsabilidad civil, previendo la responsabilidad de los profesionales liberales de manera autónoma, adecuada y clara, zanjando así décadas de construcción jurisprudencial y doctrinaria.

(*) Abogado, Procurador y Especialista en Derecho de Daños. pmsantucho@yahoo.com.ar



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